Lisbeli Vera hace historia y consigue la medalla de oro para Venezuela

Esta es su segunda presea obtenida en la justa, luego de la plata que se adjudicó en los 400 metros. Además, Vera hizo historia al ser la primera paratleta venezolana en ganar dos medallas en unos Juegos Paralímpicos

Publicado por LaVozObrera.com.ve el 31/08/2021


La atleta paralímpica venezolana Lisbeli Vera logró el martes 31 de agosto una medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020 en la categoría de los 100 metros T47. Esta es su segunda presea obtenida en la justa, luego de la plata que se adjudicó en los 400 metros.

La oriunda de San José de Heras, nacida sin parte de su brazo izquierdo, obtuvo una marca de 12.05 segundos. Vera Andrade es reconocida actualmente como una de las mejores paratletas del mundo.

Antes de llegar a Tokio, ganó el título Parapanamericano en los 400 metros T47. También se llevó dos medallas de plata: una en los 100 m y la otra 200 m en Lima 2019. 

Además, consiguió un récord y ganó dos medallas de bronce en el Campeonato Mundial Dubai de 2019.

A Vera le resta la competencia por los 200 metros y quiere lograr la hazaña de subirse al podio con su segunda medalla de oro en su primera participación en unos Juegos Paralímpicos.

La joven de 19 años de edad debió sortear muchas dificultades desde su infancia hasta alcanzar el éxito actual, en particular la incomprensión de las personas.

“Cuando iba a la escuela se burlaban de mí porque me faltaba esa parte del cuerpo, eso me hizo sentir diferente desde siempre. Me encerraba en mi casa y decía que no quería salir”, contó en una entrevista para el portal World Para Athletics.

Aunque Vera nació en Tucaní, estado Mérida, se creió en la localidad de San José de Heras (Zulia). Ahí estudió primaria y bachillerato. Sin embargo, el bullying y comentarios negativos sobre su discapacidad siempre estuvieron presentes.

Recordó que cuando le hacían bullying trataba de no prestar atención porque lo único que buscaban era hacerle daño. Nunca pensó que su discapacidad era una limitante para conseguir desarrollarse en su vida diaria.

“Esas bromas me hicieron madurar porque sabía que en algún momento iba a tener que enfrentar la vida, que no siempre me iban a proteger y que tenía que valerme por mí misma”, afirmó.

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